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NOVEDADES

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Degeneración en generación

     

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Noches de blanco papel

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image Cinco años de cama
1998. Editorial Prames. Poesía.
image El arte en la era del consumo
2001. Sial ediciones. Poemas y relatos
image Días perdidos en los transportes públicos
1992. Editorial Anthropos. Poesía  

Vídeos

Degeneración en generación, Vicente Llorente. Booktrailer.

Poema de Pepe Ramos. A.D.N.

El Paraíso Perdido. Booktrailer

Los Días Normales. Vídeo-poema-Canción

Roger Wolfe y Vicente Llorente en Donostia. Noches... a Escena

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El cuaderno francés

2012/10/21
Juan Gracia Armendáriz | DIARIO DE NAVARRA

EL CUADERNO FRANCÉS

 

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La vida es una ficción basada en hechos reales. Por desgracia, este aforismo no es mío sino de Ramón Eder (Lumbier, 1952) y está incluido en su último libro mohicano: El cuaderno francés, publicado por la editorial Huacanamo. El autor presta su rostro para ilustrar la cubierta del libro. Es un rostro de cazador de ballenas, anguloso, moldeado por una intemperie de salitre y tormentas. Decía que es un libro mohicano porque los escritores de aforismos son autores que en cada frase se asoman al abismo del silencio, pero que lejos de caer en él lo cruzan con vértigo de funambulista para alcanzar el otro lado y lanzarnos sus flechas de palabras. Ramón Eder es un consumado afilador de venablos como ya lo ha demostrado en anteriores entregas: Hablando en plata (2001), Ironías (2007) y La vida ondulante, antología que reunió la editorial Renacimiento este año. Aunque la poesía fue su lugar de nacimiento literario, allá a mediados de los locos años ochenta, ha cultivado el relato para luego desandar el camino hacia las formas del pensamiento mínimo. En su actitud observadora hay un gesto de arquero zen, pero también cierto aire aristocratizante que se disuelve en el humor y la ironía. “Nadie es más profundo que su propio abismo”, escribe; o bien: “Nunca olvidó a aquella rubia que le convirtió un verano en una especie de King Kong”. Un buen aforismo es una gigantesca miniatura que golpea al lector, lo acaricia o le arranca una sonrisa de complicidad. Eder consigue el chispazo que salta al golpear los pedernales de la reflexión y el hallazgo expresivo: “De vez en cuando nos llama por teléfono una estatua de sal”. Quizá en este libro hay más gravedad que en anteriores trabajos, pero cuando el autor, sin énfasis, escribe “Algunos, del Paraíso, sólo recuerdan su expulsión”, los lectores sentimos que la flecha nos ha alcanzado en el pecho. Eder señala la impostura del mundo literario: “Si uno es escritor tiene que resignarse a leer, de vez en cuando, algunas reseñas de sus libros que le dejen estupefacto.” Doy fe.

Más Dragó en Dragolandia

2012/09/02
Fernando Sánchez Dragó | EL MUNDO, Blog DRAGOLANDIA

OTRO LOBO FEROZ

 

Sólo hay en España, entre quienes siguen vivos, dos escritores sobre cuyas obras, recién salidas, me abalanzo con la misma voracidad y veracidad de lector con la que adentellaba en los años de la infancia y la adolescencia los libros de mis autores favoritos: Richmal Crompton, Mark Twain, Salgari, Julio Verne, Mallorquí, Zane Grey, Oliver Curwood, Wodehouse, André Maurois, Stefan Zweig, Hemingway, Hesse...
Uno de esos escritores es Roger Wolfe; el otro es Trapiello, aunque mi bulimia e impaciencia, en su caso, se limiten a esa obra colosal, y a la vez minimalista, que es el Salón de los pasos perdidos.
No falla. Sale un nuevo volumen de éste o una nueva entrega de la egografía de Wolfe y no concilio el sueño hasta que los acabo. Les debo -me deben- muchas noches en vela.
Lo dicho no significa que no aprecie a otros escritores. Los hay, sin duda, excelentes, por más que la mediocridad, en líneas generales, cunda, pero a ningún otro concedo a ciegas mi atención con la garantía de que se verá más que satisfecha.
Roger Wolfe acaba de publicar Escrito con la lengua (Huacanamo). Recibirlo, dedicado y enviado por él, e hincarle el diente fue todo uno. Seguro estaba de que no me defraudaría, y así fue. ¡Qué oleada de audacia, sinceridad, sensatez, salvajismo (decía Leonardo que salvaje es quien se salva) y silvestre inocencia frente al repugnante discurso de la corrección política! La ferocidad de este libro es comparable a la desplegada en el que le precedió: Siéntate y escribe. Absténganse de leer el uno y el otro los timoratos, los pazguatos, los mojigatos, los monicacos, los progres, los buenistas, los tramoyistas, los plebeyos, los biempensantes y los demócratas, no vaya a ser que mueran del sofocón rasgándose por el escándalo las vestiduras del rey desnudo.
El libro, al que su autor tilda de "catálogo de horrores" en la dedicatoria que me ha puesto, se abre con una cita de William Carlos Williams: "Escribiré lo que me dé la maldita gana, cuando me dé la maldita gana y como me dé la maldita gana". Lo mismo vine a decir Guy de Maupassant en otro libro espléndido de no muy distante aparición: Sobre el derecho del escritor a canibalizar la vida de los demás (El olivo azul, 2010).
Un amigo de Bukowski, cuenta Wolfe en la primera página de Escrito con la lengua, llamaba "la peste" a lo mismo que mi admirado André Maurois tildaba de cronófagos: "individuo o individuos con niveles mínimos de educación y desarrollo mental, pedantes incorregibles, cuya idea de diversión es hacerles la vida imposible a los demás; son altamente posesivos y su principal característica es la de presentarse en casa continuamente y de manera inoportuna o llamar por teléfono para arrastrarte fuera a ti; el abuso de confianza constituye su credo más inquebrantable".
Yo también los padezco, mi querido Wolfe. ¿Qué tal si les atizáramos un buen mordisco o les aplicáramos la ley coránica cortándoles la lengua?
Tu misantropía, que comparto de la cruz a la bola, raya a la altura de tu inteligencia y de tu ferocidad. Estás a la altura de tu apellido. He aquí, lector, una muestra...
"El 90% de la humanidad no sirve absolutamente para nada. Nacer, comer, cagar, joder, procrear y morir (...) Pagar letras, reírte de chistes malos y ver películas de vídeo. Hablar de cine. Hablar de mujeres. Hablar de deportes. Hablar. Bla bla bla. Hablar. Dictar leyes. Democracia. Te damos por el culo y tú nos pagas. Utilice las vías legales. Le empapelamos de pólizas la boca y le damos un paseo. Democracia, dictocracia, falacia. Hay siete días en la semana y te vamos a joder cinco. También te vamos a joder las noches porque te vamos a dejar tan hecho polvo que de lo único que te vas a acordar antes de acostarte es de poner el despertador. Para los fines de semana hemos inventado cosas que se llaman familia, hipermercado, calamares fritos, pulpo a la gallega, calcetines limpios y sexo seguro, si te lo encuentras (...) Estamos a finales del segundo milenio de la era judeocristiana y seguimos en bolas. El logro último de la humanidad será llegar a neutralizarse de tal manera que se descomponga sin la ayuda del espacio exterior (...) Mientras tanto, bueno, ya lo sabéis: nacer, comer, cagar, joder, procrear y morir. Todo esto ha sido dicho muchas veces. Solo que me apetecía volver a decirlo a mí. Y que se joda, supongo, el que lo lea".

 

 

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cinco poetas en el diario vasco

2011/10/18
Alberto Moyano | Diario Vasco

La editorial catalana "Huacanamo" publica cinco poemarios de autores guipuzcoanos

Diego Vasallo debuta en la poesía y Harkaitz Cano recopila poemas en castellano. Karmelo C. Iribarren, Pablo Casares y Michel Gaztambide son los otros autores que editan obra

No es frecuente que cinco poetas de una misma ciudad publiquen nuevos libros simultáneamente, aunque la casualidad y, más bien, los avatares de la industria editorial lo han querido así en el caso de cinco escritores guipuzcoanos. Y para más coincidencia, en un mismo sello, el barcelonés "Huacanamo". Karmelo C. Iribarren (Donostia, 1959) suma con 'Otra ciudad, otra vida' un nuevo poemario a su ya abigarrada obra, mientras que el músico y pintor Diego Vasallo (Donostia, 1966) debuta en la poesía con 'Canciones que no fueron'. Además, Harkaitz Cano (Lasarte, 1975) recopila en 'Compro oro' parte de composiciones que ha escrito directamente en castellano a lo largo de los años, mientras que Pablo Casares (Donostia, 1972) suma con 'Quiénes fuimos' su cuarto poemario. La lista la cierra Michel Gaztambide (Vaucluse, Francia, 1959), de doble actualidad por su coautoría en la última película de Enrique Urbizu, 'No habrá paz para los malvados', y por la publicación de 'Moscas en los incunables'.

Al margen del estilo y la mirada con la que cada autor afronta los temas, todos ellos comparten una misma geografía y los puntos comunes de quienes han crecido en una misma ciudad. Así lo reconocen cuatro de ellos en una entrevista a varias bandas, a la que no pudo asistir Gaztambide, y en la que salieron a relucir influencias y amistades. Diego Vasallo reconoce que «es muy habitual que un libro te lleve a otro. En la literatura que yo suelo leer, al menos, se citan constantemente a otros autores, cuyos nombres suelo apuntar». Y reconoce que «a ellos les he leído. Ellos a mí no porque es el primer libro que publico. Los cinco son diferentes pero el espíritu y la atmósfera de nuestros libros no están lejos. Son autores que leo porque me han gustado».

Y abundando en el mismo tema, Harkaitz Cano saca a colación «la historia de las afinidades, que tan de moda está en internet: 'Los poetas amigos de mis poetas amigos son mis poetas amigos y viceversa'. En el fondo, se ha hecho siempre en los libros de poemas mediante las citas». El autor de 'Pasaia Blues' pone un ejemplo muy gráfico para ilustrar la repercusión de la publicación simultánea de cinco poemarios donostiarras: «Cuando abren un bar nuevo al lado del tuyo, puede pasar que acabes cerrando o que se genere un ambiente especial».

En este caso, el 'bar' que ejerce de epicentro es Karmelo C. Iribarren, según la opinión unánimemente expresada por sus colegas. Con una larga y prestigiosa obra poética a sus espaldas, Iribarren considera que este nuevo poemario es «un capítulo más en la historia elegíaca de mi vida (risas). Pensé que este libro se incluiría en la nueva edición de mi poesía completa, pero al final ha salido en un volumen». Respecto a su anterior obra, admite que su estilo continúa sometido a un proceso de despojamiento «Hay una cierta dialéctica entre 'Atravesando la noche' y este libro, 'Otra ciudad, otra vida', un título esperanzador, aunque luego no hay esperanza. ¡Qué va a haberla! Si llegas a los cincuenta años y te das cuenta de que te han engañado. Yo hablo de mi puta vida y este libro es la constatación del fracaso más absoluto». Sobre 'Otra ciudad, otra vida', explica que «es un libro que empecé sin saber muy bien lo que iba a ser. De hecho, ni siquiera veía que fuera un libro. Ahora lo veo y puede considerarse un libro menor, pero he conseguido lo que más me interesa: crear un clima. Por otra parte, he logrado que el personaje que atraviesa mis libros se mantenga y eso me parece mucho, porque tenía mis dudas».

Por el contrario, el proceso se dilató mucho más en el caso de Harkaitz Cano, ya que 'Compro oro' recopila «'caras B', podríamos decir porque salvo dos o tres, son todos poemas originales, escritos en castellano y que he acumulado durante bastantes años», hasta el punto de que alguno, «muy retocado», data de 1998. Casares reconoce que no hay un hilo de unión que atraviese el medio centenar de poemas reunidos en 'Quiénes fuimos'. «No tengo un núcleo temático, sino que voy acumulando poemas y cuando tengo suficientes publico un libro».

Finalmente, Diego Vasallo debuta en la literatura con un volumen que ««es más un dietario poetizado que un libro de poemas. Los textos no llevan título, simplemente están fechados y el lugar en el que fueron escritos. Es un libro de apuntes y reflexiones a vuela pluma. Los he retocado, pero no mucho. No son poemas formales, trabajados, sino que son más bien reflexiones e ideas de un paseante. Y las ilustraciones van en esa línea: muy rápidas». Vasallo no tiene muy claro si repetirá experiencia. «Ha sido una especie de experimento, animado por Roger Wolfe, que fue el que me pinchó para que los publicara. Los primeros textos son de 2004. He ido escribiendo con intención de seguir, pero no de publicar. En mi caso, lo veo una actividad más anecdótica. Mi oficio no es esto, aunque complementa hacer canciones o pintar, que sí son actividades a las que me dedico a diario».

Sobre el futuro de la poesía, reina el optimismo, de la mano de internet, que en opinión de Cano, «es un buen formato para poemas», algo en lo que coinciden sus interlocutores. «Los poemas han pasado de parecer un género decadente a uno revitalizado», afirma Iribarren, describiendo un fenómeno que Vasallo vincula con lo sucedido en el ámbito musical, en donde «ya no se consumen discos, sino canciones. Los tiros van por ahí».

 

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Dragó en Dragolandia

2012/04/24
Fernando Sánchez Dragó | EL MUNDO, Blog DRAGOLANDIA

¿DÍA DEL LIBRO? (LEE SIN TREGUA)

Vuelvo a entresacar unos párrafos de Siéntate y escribe, de Roger Wolfe, publicado por Huacanamo. No es la primera vez que acudo a ese libro para dragolandear.

Es obra, la citada, que no tiene desperdicio y que deberían leer cuantos aspiran a ser escritores, que son ahora muchos, muchísimos, más de la cuenta, y quienes deseen reflexionar sobre lo que es y no es la literatura.

Dice Wolfe: "Hemos llegado al paroxismo. Aquí escribe, literalmente, hasta el último apuntador. Desde los presuntos grandes nombres hasta el último de los periodistas. Los libros se apilan por todas partes como latas de conserva. Puedes comprarlos, junto con un paquete de chicle o un mechero, incluso a las dos de la mañana en una de esas grandes superficies en las que no se pone nunca el sol. Los suplementos literarios venden un producto. Shakespeare vende tanto como Mickey Mouse. Modas y estéticas se desenrollan y rebobinan a golpe de botón. Es la Era Digital, la gloriosa y terminal Era del Consumo. ¿Para qué añadir más restos a la pila? ¿Qué demonios puede uno ya contar? Llevamos dos mil años repitiendo la misma historia y hemos aprendido bien poco. A uno se le viene a la cabeza la típica pregunta, supuestamente estúpida, del gacetillero de turno en las entrevistas: ¿POR QUÉ ESCRIBE USTED? Sólo que ahora es uno mismo quien se la formula y no es capaz de contestarla. Terapia, forma de explicarse el mundo, necesidad de comunicación o de amor, venganza, afán de prevalecer, sublimación de la timidez, transmutación sexual... Todo sirve para justificar el fenómeno y nada lo justifica. Porque la cosa es básicamente una maldita enfermedad. En estos tiempos el dilema parece haberse reducido a una mera cuestión de alimentar la máquina. Y luego hablan de una crisis de la inspiración. Yo no diría que se trate de eso. Cuando a un artista lo conviertes en un ingenio de fabricar churros, qué otra cosa cabe esperar. Si desapareces durante cinco minutos eres hombre muerto. Aquí no puede uno ausentarse ni para ir a hacer sus más perentorias necesidades; te las tienes que arreglar sobre la marcha, como los ciclistas. La máquina no puede detenerse. La sed de barullo es inextinguible. De lo que se trata es de abrir la boca y llenársela de lo que sea. De lo que se trata es de hacer ruido".

Hasta aquí, Roger Wolfe.

Una encuesta realizada en estados Unidos ha llegado a la conclusión de que a finales de esta década habrá en ese país, y no digamos en el nuestro, más escritores que lectores.

Mal asunto. Escriban ustedes menos, amigos (y dejen de hacerlo los enemigos), y lean más, porque, entre otras razones, nadie puede escribir bien si no ha leído por lo menos dos mil libros. Henry Miller elevaba esa cifra a cinco mil. Yo...

Mejor lo dejo. ¿Para qué echar cuentas si nadie las creería?

 

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Reseña El Demonio en 'El mundo'

2011/09/08
Laura Fernández | EL MUNDO

Cuídese de los ligones

Harry White es un neurótico hijo único neoyorkino descaradamente atractivo y visceralmente perverso al que le basta con salir a almorzar y sonreír a la primera mujer con la que se cruza de camino al baño para llevársela a la cama. La sensación de estar haciendo siempre lo correcto se funde en su esquizoide universo con su deseo de dejar de ser el Hijo Perfecto (el que baila con su abuela y llama a su madre cada día) y hacer el Mal (así, con mayúsculas). La tercera novela del malogradoHubert Selby Jr, 'El demonio' (Huacanamo), es la versión posmoderna de 'Crimen y castigo', sustituyendo a la huraña casera por la asfixiante Humanidad, y al atormentado Raskolnikov por un oficinista al que, simplemente, todo le sale siempre demasiado bien.

Publicada originalmente en 1976, dos años antes de 'Réquiem por un sueño', 'El demonio' describe (con una profunda y angustiosa exhaustividad) el descenso a los infiernos de su protagonista, un hombre enfermo de maldad que primero se limita a destrozar el corazón de todas las chicas que se cruzan en su camino (no hacerlo le vuelve literalmente loco, hace que no consiga conciliar el sueño, que sus manos tiemblen, que no pueda concentrarse en nada) y luego la emprende con un puñado de plantas (a las que cuida en exceso para luego abandonarlas a su suerte), para finalmente empezar a pisotear la ley en todos los sentidos.

Alargada es la sombra de la adicción a la heroína que marcó la vida del escritor, al que su mujer mantuvo durante años (mientras él simplemente trataba de mantenerse sobrio para cuidar de su hija) y que un día sintió que tenía que hacer algo para no morir y ese algo fue ponerse a contar todo lo que había visto en las calles en la época en la que su pasión por la jeringuilla era superior a todo lo demás. De ahí, de ese cuarto oscuro que trataba de mantener cerrado (Selby fue, como Harry White, el hijo único perfecto hasta que algo, quizá el no haber roto nunca un plato, se torció), salió 'Última salida para Brooklyn', su primera novela (y la mejor, a la que sigue, muy de cerca, 'El demonio'),las historias cruzadas de un puñado de personajes en la cuneta(adictos, transexuales, sindicalistas homosexuales no confesos).

Aunque todas y cada una de sus novelas contengan una parte de su culpa (del infierno por el que pasaron todos aquellos que le querían mientras estuvo 'enganchado'), fue en 'Réquiem por un sueño', novela que Darren Aronofsky llevó a la gran pantalla en el año 2000, donde Selby exorcizó todos sus demonios. La novela era la historia de un yonqui que extorsionaba día sí y día también a su pobre madre, que tenía que vivir con la televisión encadenada al radiador para poder ver cada día un nuevo capítulo de su serie favorita (para la que se vestía en función de lo que ocurriera: si había una boda buscaba su mejor vestido, si estaban de entierro, se ponía de luto). Lo insoportable de su existencia, obliga a la madre a buscar la evasión en algo más fuerte que la televisión, lo que, paradójicamente, la llevará a creerse (ayudada por una llamada de teléfono trampa) que puede ser protagonista de su propio programa.

Visceral y perversa (otra de sus novela recuperadas recientemente, 'La habitación', sobre lo que piensa un preso que no se siente culpable por lo que hizo aunque lo que hizo fue algo realmente atroz, está considerada la historia más sórdida jamás contada), la obra de Hubert Selby Jr. es a la vez un puñetazo al desaparecido sueño americano y un sincero y brutal vistazo a todo aquello que ensombrece (aún más) los rincones más oscuros de la condición humana. Absolutamente necesaria.

 

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